Este objeto impreso en 3D es capaz de señalar de dónde viene un sonido

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Hay un fenómeno que en el mundo de la ciencia se conoce como el efecto fiesta de cóctel. Imaginaos en una fiesta repleta de gente, estamos hablando con alguien pero de fondo hay un montón de ruido. La persona que tenemos delante no está levantando la voz pero somos capaces de escucharle y saber de dónde viene. ¿Qué ocurre? Nuestro cerebro filtra las señales sonoras que no son "relevantes" para que nos podamos centrar en la fuente de sonido que nos interesa y oír así lo que tienen que decirnos mientras que discriminamos de forma automática el resto.

Este fenómeno ha fascinado a los investigadores y durante los últimos años han buscado formas de explicarlo y algo más interesante: descubrir que es algo que sólo podemos hacer los humanos. Con tecnología se han hecho experimentos utilizando varios micrófonos para detectar cuál es la fuente importante y cuáles son ruido. A pesar de ser una solución muy sofisticada, un grupo de científicos ha descubierto una forma más sencilla de hacerlo: con un objeto impreso en 3D.

Apuntando en la dirección correcta

Un grupo de investigadores ha publicado esta semana en "Proceedings of the National Academy of Sciencies" un trabajo de investigación en el que explican cómo con un sencillo objeto impreso en 3D se puede apuntar a la dirección de un objeto sin necesidad de utilizar tecnología de ningún tipo.

Este dispositivo tiene la forma de un disco de plástico tan ancho como una pizza. En su exterior, 36 aperturas a través de las cuales entra el sonido hasta llegar al centro de la estructura donde se sitúa un micrófono. Cada uno de estos orificios modifican el sonido de forma sutil en su camino hacia el centro. Según explica Steven Cummer, investigador en este proyecto, el efecto que hace es parecido al de un ecualizador cuando modifica un sonido. En los 36, el efecto y la modificación son diferentes.

Tal y como explican en su trabajo, el efecto es parecido al que se produce cuando hablamos con una copa de agua cerca de nuestra boca. El sonido de la voz produce una serie de ondas en la superficie del líquido según la frecuencia. En este disco, el sonido entra por cada orificio y gracias al micrófono y un software desarrollado especialmente para él es posible saber en qué dirección viene un sonido. Cada apertura tiene un diseño en panel hexagonal a diferentes alturas.

Nuestro oído no es capaz de detectar esa alteración por los diferentes orificios pero el algoritmo creado para este dispositivo es capaz de hacerlo y señalar con bastante precisión la dirección y origen del sonido. Un proyecto curioso que demuestra que para detectar la dirección de un sonido no hace falta tecnología especialmente complicada.

El proyecto sigue en desarrollo y como sus creadores reconocen todavía hay margen de mejora para que el disco sea más pequeño y también más efectivo con frecuencias diferentes porque, de momento, solo es muy preciso cuando tiene que detectar altas frecuencias.