Científicos y espías de la II Guerra Mundial

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Durante el conflicto, en el que ambos bandos reclutaron a las mentes más brillantes, el espionaje científico llegó a enfrentar a países amigos.

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Científicos y espías de la II Guerra Mundial

En el transcurso de la II Guerra Mundial, multitud de profesores universitarios, investigadores, ingenieros y técnicos trabajaron al servicio de sus respectivos países en muy distintos proyectos, que incluían desde el desarrollo de sistemas de criptografía hasta nuevas armas o medicamentos. Estas operaciones se llevaban en secreto no solo para evitar que el bloque enemigo tuviera conocimiento de ellas, sino por un factor ideológico, como el que, por ejemplo, separaba a la URSS del Reino Unido. Esto hacía que las relaciones entre algunos países aliados estuvieran envenenadas por la desconfianza.

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Para muchos científicos británicos, el caso antes citado era una situación incomprensible, ya que consideraban que el comunismo había supuesto un refugio frente al fascismo imperante en el Viejo Continente. Así, mientras que algunos investigadores se dedicaban a desencriptar los mensajes secretos de los nazis, otros, capaces de compatibilizar la fe en la URSS con la lealtad a su país, enviaban a los rusos información de los proyectos en los que participaban.

Al otro lado del Atlántico, algunos altos cargos estadounidenses sospechaban que Stalin podía traicionarlos y pactar un nuevo plan de paz con Hitler, como ya había hecho en agosto de 1939. Por esa razón, el coronel Carter Clarke, cuyo lema era “nuestros aliados de hoy serán los enemigos del mañana”, ordenó en 1942 interceptar todos los mensajes diplomáticos y cablegramas que se enviaban desde la Embajada soviética en EE. UU. a la URSS. Este plan de espionaje, conocido como Venona, no ofreció resultados hasta 1946, con la guerra ya terminada.

Pero el primer mensaje descodificado no contenía información diplomática sobre conversaciones de paz, sino datos detallados sobre el proyecto Manhattan, cuyo objetivo era el desarrollo de la bomba atómica. Durante los siguientes años, varios científicos fueron acusados de espionaje prosoviético y alta traición.

Puedes leer íntegramente el artículo "Espías de bata blanca", escrito por Roger Corcho, en el número 430 de Muy Interesante.

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Roger Corcho

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